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Con información de Marvin Aguilar, Culturólogo. (Suénala: Ricky Loza Jazz Fest – every day i’ve got the blues)
Hace algunos días recibí un correo de Manlio Argueta donde me decía que el pintor Antonio García Ponce había fallecido. Fue sino me equivoco el fin de semana del 20 de junio. Aunque en realidad la fecha no importa. El tiempo es un invento humano. Yo regresaba de San Miguel. Me comuniqué con su hija Primavera y ella me confirmó que era cierto.
Me fui a la sala de velaciones y allí estaban un grupo de artistas, dentro de los cuales destacaban colegas de García Ponce. Los velorios, me dije, al final de la noche no tienen por que ser eventos tristes, llenos de gritos de histeria de mujeres viudas con hijos desamparados o inicios de litigios familiares por herencias intestadas. Para muchos en la actualidad en una sociedad echada al consumismo, prosperar pasa por enriquecerse. Ignorantes de que las artes nos proporcionan una mejor calidad de vida, se enfrascan en dejar de ser pobres pareciéndose lo mejor posible a lo que nunca llegarán a ser.
Los comentarios de los amigos de Primavera y de García Ponce convirtieron aquel velorio en un performance. Que incluyó multimedia. Si, nos enteramos que al maestro le gustaba teñirse el pelo, que al igual que Cezzane le gustaba tomar su caballete y pintar la verite de las calles capitalinas. Las figuras que intencionadamente tomaba de las calles: las mujeres, en todas las variantes posibles que las tribus urbanas del centro capitalino pudieron prodigarle a las virtuosas manos de un dibujante como lo fue García Ponce. Los viajes del antropólogo pintor que confirman lo necesario que estos son para un artista que pretende abandonar este mundo sin la prosaica necesidad de morir. ¿Es que no recuerdan acaso la expresión facial de Ponce? Desde hace mucho tiempo ya no vivía en este mundito. Las frágiles palabras de Elisa Archer esa noche, que a cada foto que se proyectaba llevaba tras de si una historia que nos hacia reír… aunque en El Salvador reírse en un velorio es redundar.
Después llegarían los nueve días. Claro entiéndase que somos un país católico, y respetuosos como son los artistas de las tradiciones que engrandecen a nuestra patria, se convocó a todos al Café la “T” a una noche de multimedia con algunas boquitas y cervezas. El banner de la entrada presagiaba la irreverencia: Ahora me siento más universal. Y es así, morir es sumarse a esa energía que hace que llueva, que la luz derrote al mal y que luego la oscuridad derrote al bien. Ponce es ahora parte del viento que levanta al polvo, de las olas que se estrellan contra las piedras de playas negras, los truenos que apuran la procesión de San Francisco el cuatro de octubre.
No se trataba -concluí- de un cuerpo, de quedarse más tiempo del debido, ya que es anti ecológico. No. Se trataba de vivir. No de ser. Y muchos en este mundillo de 20,000 kilómetros cuadrados, paisito que cualquier polaco no sabe que existe, nos esforzamos cómicamente, sin control de nuestra naturaleza humana, en ser alguien. ¿No es así maestro? Si… Cuando era joven conocí a una persona hermosa. Entonces mi cielo se volvió abstracto, con todas las cosas que pinté cuando vivía allá, donde la pintura es real, donde la casa, los meses, las tazas de leche son azules, anaranjadas y verdes, donde al caminar dejo huellas violetas y si me caigo, es a través de cataratas grises, largas, que finalizan sobre la fuertemente montaña verde. Caigo, me río, y me levanto, corro veloz como el corre-caminos de la Warner Brothers por una ladera de flores planas que se agitan como banderas, jacintos rojos, hasta llegar al otoño que suelta las hojas azules que me llevan hasta la escalinata de hojas anaranjadas, que llega al rio de malta donde hay un ballet Diaghileviano con fantasía de colores tras un gran arco iris… y hay un gran rótulo que dice: NUNCA PUEDES RENDIRTE. Por que ese lugar lo llaman imposible y es porque simplemente nunca lo han visto… es donde la madre azul y el padre café se mezclan en uno solo y dan a la vida a su hija aqua y su hijo rojo… y de allí vuelves a comenzar… Cuando era joven conocí a una persona hermosa.

He de confesar que no me acerqué a ver el cuerpo del maestro. Los velorios no me gustan. Me gustan más los sepelios, pero me gustan los entierros de mi pueblo. Porque allá aun todavía se camina, se va de la funeraria a la iglesia y luego al cementerio. Todo a pie. En la capital todo es en coche. Muy impersonal. Por eso fui al velorio y no al entierro. Porque no me gustan los velorios pero me gustan los entierros de pueblo que no les niegan el honor del cortejo a los mortales. De igual me alegra que el maestro no haya podido leer este artículo, porque no le habría gustado. Es que García Ponce era tan exigente con eso que llaman calidad y mi narrativa es tan mala (aunque mi poesía es mucho peor).
La Secretaría de Cultura prepara un homenaje para él, en la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”, de El Salvador (ubicada en el parque Cuscatlán), para este 26 de agosto, una oportunidad para dar un recorrido por la obra y gracia de García Ponce.
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Muestra


(García Ponce)
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