Una mosca en la oreja de un buey

Por Marvin Aguilar | Posteada por admin

Cuando Zaratustra llegó a la ciudad más próxima al bosque, halló al pueblo reunido en la plaza: había corrido la voz de que llegaba un titiritero. Y Zaratustra hablo así al pueblo: “Yo predico al superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. Vosotros ¿qué habéis hecho para superarle?

En otros tiempos los crímenes más grandes eran los que se cometían contra Dios; pero Dios ha muerto y con él desaparecido estos delitos. Escuchad yo os diré lo que es el superhombre: es como el mar, en cual puede sumirse vuestro desprecio, es el que dice: que me importa mi dicha si no es más que como pobreza y basura. El que dice: que me importa mi razón, que me importa mi virtud. Que me importa mi justicia, que me importa mi compasión. ¿Lo habéis dicho ya? ¡Eh! Ojala ya os hubiera oído gritarlo. No son vuestros pecados, sino la moderación lo que clama al cielo. ¿Dónde esta el rayo que os hace lamer la lengua de fuego? ¿Dónde esta la locura que os debieran haber inoculado? Pues bien, yo predico al superhombre: ¡El superhombre es este rayo. El superhombre es esta locura!”

Cuando Zaratustra terminó su discurso salió una voz de entre los que allí había, y dijo: “Ya hemos oído bastante al titiritero, ahora queremos ver lo que hace”. Y el populacho se rió de Zaratustra. Y el titiritero comenzó su trabajo.

Zaratustra contemplaba extrañado. Entonces habló así: “el hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre: una cuerda sobre un abismo”. Y miró otra vez al pueblo y calló. “ahí están -dijo para su corazonada-; se ríen: no me comprenden, no soy boca para esos oídos.

Llegó una mosca a la oreja de un buey que araba el campo y gritó: ¡Ya llegue! Y el buey siguió arando, al cabo de un rato decidió marcharse y gritó: ¡Ya me voy! Y el buey continuó arando.

Se cuenta que el Khagán Jazaro tuvo un sueño una vez donde un ángel le decía: tus intenciones agradan a Dios pero tus actos no. Este mismo libro explica que: la verdad no puede ser vista porque es transparente, al contrario la mentira no deja pasar la luz, ni la mirada porque es opaca. Pero el caso mas frecuente es un tercero, cuando las dos están mezcladas. Un ojo ve hasta el infinito y el otro no puede ver más allá del palmo de su nariz. Así que andamos toda la vida de costado. Sino todos los días de la semana.

Dice Octavio Paz que: sentirse solo no es sentirse inferior, sino distinto. Pero en El Salvador, mi patria, los salvadoreños se empecinan unos a otros en hacerse sentir inferiores y solos. El sentimiento de inferioridad aquí nunca es una ilusión al igual que la soledad existen. A niveles muy altos se le denomina: “cultura de cumbo cangrejero”.

Ojala que fueran alguna, otra vez a un mundial de fútbol para que los niveles de inferioridad bajaran en el país, para que tuviera sentido la vida de la guanaxia irredenta. Ya que si estamos de acuerdo que la pobreza de un país se mide por la suntuosidad de sus fiestas, estoy seguro que el carnaval aquí en que caso de meter un gol de valía sería fenomenal.

En este artículo me he negado a discusiones abstractas, por que son inútiles. Muchos de mis lectores me recuerdan al hombre herido por una flecha, que no se la dejaba arrancar hasta no saber la ciudad, el nombre, los padres y clase social del que lo hirió. Les gusta proceder así, por eso corren peligro de muerte constantemente. Nadie les ha podido enseñar a quitarse la flecha. Nunca lo sabrán.

Deseo para finalizar, decirles a sabiendas de su inveterada religiosidad el sermón del fuego.

Todo oh discípulos está en llamas. La vista oh discípulos está en llamas. Lo visible está en llamas, el sentimiento que nace del contacto con lo visible está en llamas. ¿Qué fuego lo inflama? El fuego del deseo, el fuego del odio, el fuego de la ignorancia; el nacimiento, la vejez, la muerte, las penas, las quejas, el dolor, el pesar, la desesperación. Lo que se ha dicho de la vista aplíquese al oído, tacto, olfato, gusto y conciencia.

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