Trabajos Ecológicos para los Municipios

Escrito por Marvin Aguilar, culturólogo

Se sostenía en tiempos pasados que los candidatos en época de campaña prometían todo con la finalidad de timar al votante. Si usted ha notado, en la actualidad ya casi no sucede esto. No. En la pasada contienda, los candidatos se cuidaron de hacer promesas que un eventual triunfo les obligara a cumplir con lo ofrecido.

Si, nos dicen los candidatos a diputados que ellos no pueden realizar obras, ellos están solo para legislar, así que olvidémonos en solicitarles alguna obra social, infraestructura, incluso su llana presencia en algún evento local. Los candidatos a la alcaldía nos dicen que ellos solo pueden recoger la basura, hacer las fiestas patronales, empedrar y hacer otras obras que retribuyen réditos políticos. Los alcaldes, se nos repite, no pueden incidir en la economía familiar o personal, crear fuentes de trabajo en y para los habitantes de sus municipios.

Todo eso es falso, el problema grave está en que todos se lo han creído, tanto políticos y votantes.

En el caso de los países en desarrollo carecemos de los estudios amplios de sector que han sido realizados en los países industrializados, pero hay numerosos ejemplos para ilustrar el potencial que podemos tener. En Brasil, los biocombustibles crearon cerca de un millón de empleos y hay planes para expandir la producción de biodiesel para beneficiar a cientos de miles de pequeños propietarios de granjas. China tiene un programa de gran escala para reducir las emisiones de metano de las ganaderías, que está creando una nueva industria de fabricantes y productores de maquinarias de biogás. En Sudáfrica, la modernización de la energía de las viviendas en los suburbios reduce las emisiones y crea más de 100 nuevos trabajos cualificados por cada 100 unidades habitacionales renovadas. Proyectos de este tipo pueden extenderse a gran escala porque tienen la capacidad de atraer financiamientos de los países industrializados a través del mecanismo para un desarrollo limpio creado por el Protocolo de Kyoto.

Existen 1.600 millones de personas que no tienen acceso a formas modernas de energía. La energía renovable a pequeña escala para la generación descentralizada de electricidad podría dar un empuje importante al desarrollo y a la reducción de la pobreza a través de empleos verdes. Los vínculos entre cambio climático y desarrollo aún están germinando, pero el potencial puede verse, por ejemplo, en los proyectos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial que relacionan la generación de electricidad a los programas de empleo juvenil en México y Cuba o en la promoción de energía solar por parte de la Asociación de Mujeres Trabajadoras por Cuenta Propia (SEWA) en India.

Los empleos verdes pueden contribuir a facilitar la transición económica y social para sectores clave como producción de energía, construcción, transporte y otros sectores importantes, al promover empleos verdes que contribuyan al crecimiento mientras reducen las emisiones, y favorecer lugares de trabajo respetuosos del medio ambiente al movilizar empleadores y trabajadores para mejorar la eficiencia energética de las instalaciones y equipos existentes, en particular en las pequeñas empresas.

El problema de los gobiernos locales es que no han comprendido que son la fuente de la participación política, es decir, que desde un municipio se puede y se debe transformar la vida cotidiana de su gente, y por ende en un rubro de la vida local como lo es el empleo, ya que mucho antes de que Wall Street se estremeciera, fenómenos como la globalización (en todo su alcance: económico, financiero, cultural), la revolución informacional y la mundialización de los intercambios comenzaron a gestar un tipo de sociedad en la que los empleos tradicionales, estables y a tiempo completo van camino a desaparecer. Según un estudio de la OCDE, en los próximos años la industria podría emplear a tan solo el 2% de la población activa, y la agricultura al 1%.

“Asumiendo que América Latina y el Caribe, en el 2009, lleguen a un crecimiento cercano al 3,2% –que reflejaría demandas interna y externa debilitadas por la disminución de las remesas, de los precios de los commodities y de los ingresos de los hogares– este no sería suficiente para impulsar un crecimiento del empleo que mantenga la tasa de ocupación del 2008″, afirmó Virgilio Levaggi, director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana. “La tasa de desempleo urbano regional aumentaría a un rango de un 8 a un 8,3%, lo que significaría un incremento de desocupados urbanos de entre 1 millón y 1,7 millones. Es decir, habría entre 17,4 millones y 18 millones de desocupados urbanos frente a un estimado de 16,3 millones en el 2008″, agregó el experto. Según Levaggi, “si la crisis ya está impactando así las economías de América Latina, ¿qué decir de las economías centroamericanas que dependen de los flujos del comercio internacional y del turismo, así como de la inversión extranjera?”

Visto en perspectiva, pareciera que el fenómeno de la desaparición de la sociedad salarial (gestada por la globalización) está alcanzando a Centroamérica en momentos en los que una crisis externa debilita sus equilibrios macroeconómicos básicos, y cuando la región no ha logrado aún identificar el modelo laboral que debe adoptar para ser competitiva internacionalmente.

Esta confluencia de factores tendrá su costo para la región. “La insuficiente generación de empleo no responderá al crecimiento de la oferta laboral y, por tanto, los niveles de desempleo se elevarán. Esto, en economías que no cuentan con sistemas de protección social de amplia cobertura y sin mecanismos de protección contra el desempleo, es muy probable que incremente de forma significativa los empleos precarios, la informalidad y el trabajo infantil”, advirtió Levaggi, en diálogo con Estrategia & Negocios.

Antes de empleos verdes es necesario crear el trabajo decente y este no es más que el punto de convergencia de los cuatro objetivos estratégicos que hoy maneja la OIT: la promoción de los derechos fundamentales en el trabajo, del empleo, así como de la protección y el diálogo social.

De la mano con la filosofía del trabajo decente, la Organización Internacional del Trabajo está dando razón y contenido a un segundo concepto vanguardista como es el de “trabajo verde”.

El programa sobre biodiesel en Brasil, que se ha diseñado explícitamente para proporcionar acceso a un gran número de productores minifundistas en las áreas rurales desfavorecidas del país suramericano es un ejemplo. Pero no sólo se trata de iniciativas públicas. En Antigua, Guatemala, hay una asociación público-privada que ha generado empleos a partir de un programa que tiene como objetivo recolectar el aceite quemado de 137 hoteles y restaurantes para fabricar combustible, el cual se vende a precio de costo a un hospital.

¿Podrán nuestros Concejos Municipales y Alcaldes entender a tiempo este concepto? Nuestra población desinformada está desprotegida frente al futuro.

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