“Palabras Mayores”

Escrito por Juan Carlos Aparicio

Cuando se publicó este título de la novela de Luis Spota a mediados de los setenta, se abrió al público la oportunidad de conocer de cerca a la clase política mexicana durante el gobierno del PRI, partido político que se perpetuó en el poder durante décadas y de cuyos elementos, se dice surgieron asesores que habrían sido recurrentemente consultados por un partido político tradicional en este país.

El libro pues, trata de la manipulación que el presidente en turno ejercía sobre sus subalternos para elegir entre ellos al candidato del partido oficial que se convertiría en su sucesor, como una forma de perpetuarse en el poder. Su protagonista se llama Víctor Ávila.

No estoy queriendo establecer coincidencias. Solo traer a cuenta a la actual coyuntura electoral una elocuente frase que se dice en el libro: “las palabras del presidente, son palabras mayores”. Es decir: lo que un presidente diga tendrá de un modo u otro, un tremendo impacto en el destino de su país.

Puede afirmarse que en cada época de la historia se ha descrito que de todas las formas de gobierno, la que mejor ha traído beneficios a la población proviene, no de la indómita resolución de una irrefrenable masa que por principio de cuentas, no sabe lo que quiere por el simple hecho que le resulta literalmente imposible poner a todos sus integrantes de acuerdo cuando cada quien jala por su lado, sino de la aparición forzosa o espontánea de verdaderos líderes que llevan tanto a sí mismos como a esas muchedumbres, desde sus rudimentos conductuales hasta la cumbre de las civilizaciones.

Las palabras mayores entonces, deben provenir de ese líder. Y si ese líder no las tiene, pues deja de serlo y se vuelve precisamente en el representativo de la masa llevado a la cumbre por el pujante ascendente del desbordamiento social.

Tampoco estoy marcando tendencias. La actual campaña política de dichos y contradichos, de “factoides” y de énfasis en lo negativo más que en lo positivo, han dejado a la ciudadanía con el ingente sabor que ninguno de los actuales candidatos sirve, porque ambos se nos presentan por la oposición como falsos, llevándose de paso la confianza en el sistema y las instituciones.

“Las palabras del presidente, son palabras mayores” (Luis Spota)

Hay que decirlo: independientemente del candidato electo, cambia el gobierno pero no el sistema. Solo cambia quien aplica las leyes vigentes y estas tampoco han cambiado. Es decir, el sistema no puede cambiarse si no es con una reforma constitucional o en el más desastroso de los escenarios, como vivió el país durante los regímenes militares, mediante un golpe de estado.

El próximo presidente prestará juramento a la Constitución y debe sujetarse a ella para mantener el Estado de Derecho y conservar el reconocimiento internacional como un gobierno válido y legítimo.

La Constitución claramente lo dice, el Gobierno es republicano, democrático y representativo. El sistema político es pluralista y se expresa por medio de los partidos políticos. El poder público emana del pueblo. Los órganos del Gobierno lo ejercerán dentro de la Constitución y las Leyes. Y punto.

Ni Mauricio Funes ni Rodrigo Ávila pueden cambiar eso. Es más, deben obedecerlo.

Qué significa todo esto? Que no se puede, por ejemplo, instaurar un sistema comunista en este país porque esto es y será una República Democrática, donde hay división de poderes y que el poder es del pueblo y es este quien elige a sus gobernantes y a fin de cuentas, es el que vive como quiere y dicta su destino como decida y no como se le haga creer mediáticamente. Además, el orden económico también está determinado por la Constitución y en diversas leyes que siendo vigentes, deberán acatarse por los funcionarios electos. Estas leyes las ha venido formulando el partido en el gobierno por lo que no podrá hacerse nada distinto si no es con una reforma legal profunda, lo que es improbable que suceda, puesto que de hecho, la futura Asamblea estará conformada de forma parecida a la saliente.

Es decir, el sistema prevalecerá independientemente de los resultados en los próximos comicios.

Esto no es ingenuidad.

El país necesita el reconocimiento de la comunidad internacional, puesto que no tenemos petróleo ni yacimientos mineros explotables, ni agricultura o industria avanzadas o un mercado interno enorme. Hay que ser realistas. Para conservar dicho reconocimiento es necesario controlarse y moverse dentro de determinadas reglas y según se aprecia, ambos candidatos han dado muestras de querer seguirlas. En ambos planes de gobierno se evidencia. Ambos candidatos son la proyección del colectivo social e internacional.

Entonces ¿de dónde provienen las ansiedades? no de la esencia del sistema, que como se dijo, se mantiene idéntica, sino de la forma en que se ejercerá el poder.

Esa forma se encuentra vinculada a los estilos de liderazgo.

Es importante tener claro quién posee liderazgo en esta coyuntura electoral o dicho en otras palabras, quién deberá ser el nuevo presidente de El Salvador.

Pero ¿cómo reconocer a un líder? Si lo hay, se reconoce simplemente. Su característica es que la gente lo sigue y cree en él. Los equipos de trabajo son tarea del nuevo gobernante quien deberá elegir a las personas apropiadas que le acompañen.

Cada presidente ha tenido su estilo. El ex presidente Flores, como fue sabido, influyó de forma considerable la vida pública del país. Distante y ególatra, promovió radicalmente la reforma fiscal y monetaria y los planes de despidos masivos en el sector público, se enfrentó con los sindicalistas de todo tipo, especialmente del sector salud y dejó al país con una deuda externa de la cual no se recupera. En una entrevista televisiva, Fabio Castillo lo calificó en ruta de ser el peor presidente del país, al mismo tiempo que elogiaba al ex presidente Calderón como el mejor.

El ex presidente Flores también confrontó con algunos medios de comunicación, o mejor dicho, con comunicadores, específicamente con Mauricio Funes, presión que culminó con el retiro del ex periodista del canal televisivo donde transmitía, el mismo que ahora es candidato con probabilidades de resultar electo presidente, haciendo que las actuales ansiedades de la derecha política sean pues autogeneradas.

La reciente encuesta de LPG Datos refleja una tendencia importante. Alude a los sectores de la población donde se encuentra el grueso de votantes por partido en la contienda. Según la encuesta, las personas de ingresos medios, los católicos y las personas más educadas, así como las que habitan en el oriente del país, están dando su voto mayoritario a la izquierda, lo cual de por sí da mucho material para análisis según las teorías de Max Weber, pero no es ahora el caso.

Qué hay de diferente en oriente? pues industria, puertos funcionales, empleo y promoción turística en oriente no lo hay, por no decir esfuerzos hacia la cultura y las artes. Aquí hay migración de los connacionales e inmigración de centroamericanos y una enorme clase media formada abundantemente por profesionales, comerciantes y ganaderos, que ven el ascenso social dificultado por la falta de oportunidades, las cuales en los actuales programas gubernamentales, encuentran su destino en los habitantes de las zonas rurales y las personas de menos ingresos, que son precisamente donde se ubica el apoyo de la derecha.

Ante los liderazgos es necesario desmitificar el rol de los partidos y de los vicepresidentes.

Los partidos. Un funcionario público una vez electo, tiene todo el derecho a conservar su cargo durante el plazo que dure su mandato, además de poder tomar las decisiones que considere convenientes, precisamente porque el poder se lo han dado los votantes, aparte que de eso se trata todo esto de las elecciones, de elegir a quien nos gobierne a todos. Los partidos políticos solo impulsan a un candidato pero no gobiernan, o cuando menos, no deben hacerlo como se ha acostumbrado en el país. Para más, un presidente puede incluso prescindir del partido o de los grupos de presión que lo hayan llevado al poder. Ese fue el caso del Dr. Pío Romero Bosque, presidente de la República a principios de los treinta, a quien se le atribuye la famosa frase “No cabemos todos en la misma silla (presidencial)”.

Los vicepresidentes. Basta mencionar los últimos como fueron conocidos: Castillo Claramount, Chico Merino, Borgo Bustamante, Quintanilla Schdmith, Vilma de Escobar. Sus historias son conocidas. Nunca pudieron ejercer un poder real.

A pocos días que termine la propaganda electoral, la población deberá elegir a su gobernante.

Y por el bien del país, que gane el mejor.

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  • Lucio Cisneros

    El hombre que no conose y aprende de su pasado esta condenado a repetirla, y lo peor es que en la actualidad estamos repitiendo los errores del pasado.

  • Elizabeth Coreas

    “La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”, según Bronson Alcott, filósofo estadounidense, a la sombra de campañas mediáticas basadas en ansiedades y sus contrarespuestas, es difícil que logremos sanar de esta dolencia.