Mr. Íblis

Marvin Aguilar

Regresaba del entierro de la abuela de un amigo, esta había fallecido de un cáncer que le carcomió todo el rostro, hasta llevarla al dolor y perder el conocimiento,  muriendo en coma. El sílfide Murik, desde la pubertad desarrollo el extraño pasatiempo de visitar el cementerio, ahora tenia diez y ocho años, y quiso dar un  paseo por los lugares que al comienzo de su adolescencia realizaba por los cuadros uno, dos y tres del cementerio general de la ciudad, allí no solo se encontraba  la cripta familiar sino todas las criptas de las familias mas antiguas de la ciudad. La noche antes del entierro mientras cumplía la mayoría de edad, pensó en vender  su alma al diablo, a cambio de poder saciar siempre que así lo quisiesen sus deseos irrefrenables. Le parecía extraño, como si la situación de encontrarse en un  cementerio la hubiera provocado algo o alguien, para que precisamente cuando tenia diez y ocho años y un día, la abuela de su amigo de la infancia hubiese muerto  y tener él la tentación de re-visitar los lugares que antes misteriosamente le atraían, quería encontrar la tumba mas antigua de la ciudad y esta se encontraba en la  parte de atrás del cuadro tres, donde estaban las tumbas en forma vertical expuestas a la vista de todos hacia arriba en líneas de cuatro columnas, como era  costumbre para los pobres en época de la colonia en toda la América Latina; pensó en ir hasta allá, y buscarla de nuevo. Una vez frente a la tumba del año 1666  decidió fumarse un cigarrillo, casi no se leía el nombre del difunto cuyos restos allí yacían, solo el año y el mes, Junio de su muerte, era comprensible por qué  continuaba sin ser vendida, era una tumba con la señal de “a perpetuidad”. El calor del verano del oriente del país es siempre muy seco, el resplandor del sol  rebota sobre el asfalto de las calles, de cualquier calle incluso las del cementerio y da en la cara como quemando el rostro y no se tiene mas remedio que buscar la  sombra de algún árbol o las aceras con cornisa de alguna ancha casa de adobe.

Su idea de vender su alma, no por saber lo desconocido o por tener el olvido, sino por simples y honestos motivos egoístas, lo llevo a realizar según había leído la  noche anterior en algún libro del hijo de un loco,  el famoso llamado de Manfredo:

¡Agentes misteriosos! Genios del universo ilimitado,

que he buscado en la luz y en las tinieblas!

Ustedes que giran del mundo en torno

y en muy sutil esencia habitan siempre;

Ustedes para quienes son guaridas

de inaccesibles montes las alturas,

Y a quienes de la tierra y océano

las cavernas son cosas familiares:

Los llamo a todos por aquel secreto

encanto que me da sobre ustedes

autoridad. ¡Aparezcan! ¡Muéstrense!

Y se reía, recordando precisamente en el cementerio, después del entierro de una atea confesa como lo era la abuela de su amigo y frente a la tumba mas antigua  del cementerio de la ciudad, la llamada de Manfredo, que ni repitiéndola en ese lugar funcionaba: una solemne estafa como el juego de Guija, quizás debía volver a  casa, descansar para comenzar al otro día a buscar empleo en un país que tenia muy poco que dar y mucho que ofrecer a través de periódicos, carteles de la  calle, radio y televisión. Arrojo el cigarrillo al pavimento tibio de las seis de la tarde, y frente a él un extraño caballero de apariencia europea, con un palto italiano,  de unos 1.75 de altura, delgado como de 38 años, blanco, ojos verdes o amarillos, el resplandor que aun daba en la calle no permitía saberlo, pelo corto, al  perecer rubio, de personalidad acusativa, colocaba flores, rojas, bellas rosas rojas sobre la lapida de la tumba mas antigua de la ciudad. El caballero al notar que  lo observaba le dijo: es la tumba de mi tatarabuelo, llego de Londres, Inglaterra, hace trescientos cuarenta y dos  años, cuando ocurrió el gran incendio de Londres  y desde entonces cada vez que se me es permitido vengo a colocarle rosas rojas, mis preferidas ¡pero disculpe! no me he presentado: me llamo Lucio Íblis.

II

Caminando en medio de la frondosa calle que del cementerio llevaba hacia la ciudad a las personas que a su alrededor pasaban y observaban a Mr. Íblis, como si  nunca hubiesen visto a un personaje de su estilo caminar por las calles. Murik un chico que desbordaba por lo bueno a la hora de ver la foto completa de las  situaciones, planificar a largo plazo y buscar siempre el consenso, de pensamiento intuitivo, flexible, con habilidades verbales y sociales, imaginativo, con empatía y  con mucho que ofrecer a los demás, comenzó a comentarle su actual -y la de muchos jóvenes- estado de animo frente al futuro, los románticos -decía-  padecían  de melancolía, resultado de una violenta incongruencia entre lo real e ideal, la gran diferencia de lo que el alma deseaba y lo que la vida realmente daba, eran en  resumen unos desilusionados, estaban hastiados y sin ganas de hacer algo frente a su realidad tan agobiante, sus ideales no fueron posibles en esa sociedad. Hoy  2009, no existe melancolía, existe frustración y esta nace de no poder poseer nada de lo que la sociedad estúpidamente consumista ofrece, haciéndonos creer que  es esta la mejor forma de vida, las aspiraciones personales no son congruentes con las concesiones que da esta sociedad, somos unos frustrados, estamos  inseguros y en el amplio sentido de la palabra hambrientos. Y que decir de la mercantilización en las relaciones entre las personas tan natural hoy en día, sí el ideal  del american way of life no fue -para todos- posible en la sociedad actual, es éste nuestro propio mal del siglo.

Mr. Íblis_ Comprendo. ¿Y que estarías dispuesto hacer si te dijese que el llamado de Manfredo ha sido escuchado?

Murik_ Tranquilamente, sin miedo, y pensando que era una simple broma resultado de haber escuchado en el cementerio sus palabras dichas a media voz frente a  la tumba del antepasado de Mr. Íblis, contestó: Simplemente, vivir y verme bien, joven -quiero decir- hasta los ochenta años, millonario y además poder, de forma  natural, saciar mis deseos sexuales cada día o cada vez que así lo desee hasta mi muerte.

Mr. Íblis_ ¿Y por la riqueza, dominio e intelectualidad, qué hay a cambio?

Murik_  Mi alma, -y cada mañana después de haberlos poseído-  el alma de todas las personas con los que haya estado en mi lecho.

Mr. Íblis_  ¿Matarlos cada mañana después del sexo?

Murik_ Sí.

Mr. Íblis, a quien el chico le pareció conocerlo de toda la vida, debido a su enorme energía, creatividad y espontaneidad, búsqueda de la novedad, el riesgo y el  placer, así como intelectualmente curioso y que no se dejaría llevar fácilmente por otras opiniones, detuvo un taxi, no sin antes darle un número, que según le dijo  era de billete de lotería, próximo a llevarse a cabo, recomendándole que lo comprara. Y desapareció para siempre. Murik al cabo de una semana, encontró un  mal empleo de mesero en un restaurante de comida rápida del centro. Enfrente del restaurante una viejecilla propietaria de un kiosco lleno de fotos de San Miguel  Arcángel y de la Reina de la Paz, era vendedora de billetes y ofrecía un billete de veinte vigésimos con el numero ¡increíblemente aterrador! que Mr. Íblis le había  dado anotado en el papel y que él recordaba de memoria, el costo del billete en total era de 300 dólares, su salario de un mes, pensó por unos minutos… y lo  compró.

III

Encantador, original, directo y con inventiva, inconformista, con habilidades para el pensamiento abstracto y dado a planificar a corto plazo, frecuentemente  asertivo y muy competitivo, de mente clara y eficiente, sentado en su escritorio de caoba -veinte años después-  en la ultima planta del edificio que albergaba su  compañía, que incluía haciendas para el cultivo de tres tipos de mango, una fabrica productora de empacados al vacío: “Mangos Quezaltcoalt, la Serpe  Emplumada” y una compañía distribuidora del producto con ventas en Centro América y USA, se encontraba Murik. Acababa de firmar la constitución de una  nueva sociedad mercantil que daba inicio a la empresa cultural “Darío”, una cadena también a nivel Centro Americano de Cafés-Teatros de cámaras- hostales-  cinemas para films independientes, en todas las capitales de Centro América, siete en total. Igualmente era presidente de la fundación para las artes, que  patrocinaba teatro, pintura y cine documental, sus artes preferidas.  Su casa llamada Belial se ubicaba en el Golfo de Fonseca, en la Playa Negra, junto a un  precipicio de piedras grises de granito que terminaban en una playa de arenas volcánicas y de allí su nombre. Está construida en un lote de seis manzanas,  rodeadas por un muro de piedras de malpaiz que con solo rozarlas hieren, se llega a la casa a través de un portón de hierro recubierto de madera labrada con  escenas de la Biblia, del Génesis específicamente, la casa ubicada en el centro de la propiedad esta dispuesta en forma cuadrangular, influenciada por el estilo  chipriota, en el estilo de regia del foro, pensada como el palacio para el Rex Sacrorum; organizada en torno a un patio cuadrado, adornado con pórticos, un tipo  de casa de peristilo; tras la columnata del patio se extendía una gran sala, de donde se llega a dos habitaciones menores, una a la izquierda, dormitorio para  invitados y la otra a la derecha, su dormitorio; tenia graneros y área para los servicios aparte; en el patio construyo altares o templetes cuyos relieves recogían las  escenas de la obra El Paraíso Perdido de Jhon Milton, tratando con esto de convertir el  patio en un gran ambiente de lujo, destinado a las fiestas. La decoración  estaba predominada por las terracotas de tejados y aleros; figuras de antepasados aristócratas, del titulo nobiliario que había logrado comprar a una familia noble  pobre en Moldavia y que era el origen de su apellido materno: «????» en idioma moldavo. Durante uno de sus frecuentes viajes al extranjero, este escudo de  armas, hecho con un blasón en oro, un lobo de sable con un cordero en la boca, sur montado de una estrella de azur, estaba ubicado en el portón principal en la  entrada de la calle y en todos los platos, cubiertos, ropa de cama y áreas mas vistas de la residencia, abundando también en las placas de terracota esparcidas a lo  largo del jardín cultivado de rosas rojas y que exponen escenas de la vida señorial (paseos en carro, cenas, festejos). Los muebles estilo rustico, pesados, daban  un ambiente relajado; poseía una biblioteca en el sótano, en la que destacaba en el centro del salón una escultura de San Sebastiano, copia del cuadro de Antonio  Bazzi del palacio Pitti, Florencia, luego una repisa que era prácticamente inalcanzable y que contenía libros en español, ingles, ruso e italiano, idiomas que hablaba  el anfitrión de la casa, y que él llamaba: conocimiento, por ser este inalcanzable. En los otros estantes, había libros de Milton, Blake, Chateaubriand, Goethe,  Byron, Hoffmann, Poe, Shelley, Stoker, Shakespeare, Cervantes, Breton, Sade, los escritores rusos y una impresionante colección de todas las mitologías del  mundo.

IV

Con el tiempo se construyo una personalidad que le daba dominio, que a su entender se dividía en creencias y razón, sus creencias estaban claras, mas la razón  tenia que trabajarla cada día. Convirtiéndose de esta forma en una persona líder, exploradora, valiente, buscadora de los retos, una persona de mente fría,  independiente y con una manera de pensar osada a la que le gusta explorar las ideas y los problemas de arriba a abajo, centrándose en las cosas fácilmente,  persistente, sistemático y competente a la hora de perseguir intereses y metas, también asertivo disfrutando de las oportunidades que brinda el trabajo. Poseía una  monumental energía. Pensaba rápido, tomaba decisiones más rápidamente que la mayoría de la gente. Le disgustaban las normas innecesarias y se convirtió en un  racional a la hora de analizar personas, asuntos e ideas. No solía disfrutar de las “conversaciones intrascendentes”. Por lo general no le interesaba agradar a  personas aburridas y se rodeaba de gente interesante desde el punto de vista intelectual y que van al grano en sus conversaciones. No era convencional en la  mayoría de sus actitudes y valores. Tendía claro a ser irreverente y pragmático y gustaba de la gente espontánea. Podía ser un amigo o compañero interesante  pero también duro de manejar y exigente. Más terrenal conducía un baby-benz deportivo azul y a pesar de tener otra variedad de autos en su residencia, era este  su preferido para la seducción y conquista de jóvenes que como él, deseaban todo en una noche, en la que él se sentía el dueño.

Finalmente el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría ¿no?

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