Escrito por Juan Carlos Aparicio
“Es el hombre medio el que debe gobernar”, tales eran las palabras de cierto pensador clásico que, dicho sea de paso, conoció el exilio hace algunos miles de años.
Este día se publica que el candidato tiene un plan para la clase media, prometiendo negociar con los bancos el relajamiento de algunas condiciones para los buenos clientes y por decirlo así, aliviarlos de precipitarse en mora. No hay novedad. Ofrecer planes de consolidación de deudas en términos financieros es aumentar el capital y los intereses totales alargando el plazo de vencimiento. Esto se traduce en una menor cuota del crédito y en toda una vida para salir de ello. Esta es una de las formas más fáciles de perder dinero a largo plazo y de contratar más deuda si no se tiene disciplina financiera. La deducción de impuesto sobre la renta para la obtención de la primera vivienda, reglas más claras en la contratación de créditos y controles más eficientes para combatir abusos tanto de empresas como de consumidores, elementos que también se comprenden en el plan, tienen que pasar, unas por una reforma de ley, que al parecer está a la vuelta de la esquina con la milagrosa y espumeante ganancia por residuos del PCN en las pasadas elecciones de diputados y las restantes, ya están siendo implementadas por la Defensoría del Consumidor con resultados positivos. Decir lo contrario es decir abiertamente que la actual administración no está actuando, pero dejémoslo en que esto fue una confusión conceptual del candidato.
El recomendado “pacto fiscal” está presente en la propuesta, en los términos expuestos y con el afán de promover la solidaridad, la responsabilidad y el desarrollo. No obstante, un “pacto fiscal” como se dijera en una anterior entrada, debe pasar por involucrar no sólo a los grandes bloques económicos sino también a la población misma, que a fin de cuentas es la que da sus votos. Insistimos, no se trata de promover agendas débiles en tiempos de responsabilidades, sino de establecer claramente qué aportará cada sector de la población económicamente activa para dicho pacto, esto requiere no sólo acomodamientos financieros con la banca internacional que opera en el país, la que de hecho tiene sus propias vicisitudes que solventar. Un ejemplo, los bancos centrales de los Estados Unidos e Inglaterra están reduciendo sus tasas de interés pretendiendo con esto que la banca comercial lo haga a su vez, generando mayores posibilidades de consumo para la población. Pero en el país sucede lo contrario. Los intereses por créditos han experimentado un alza sensible, especialmente los de vivienda. Recordemos entonces que las decisiones de nuestra banca ahora internacional, se toman fuera del país por ejecutivos que no son políticos o cuando menos no les interesa nuestra política, siempre que se pueda hacer negocios.
Pero que venga un político nuestro ante algunas de las instituciones financieras mas grandes del hemisferio o por lo menos que tienen el capital suficiente para provocar una crisis mundial como ha acontecido, y que ese político vaya a obtener concesiones especiales para este país, se escucha tan extraordinario como improbable. Distinto es el uso de la ley y la fuerza que emana de la misma. Así las cosas, más que las iniciativas de los candidatos, será labor de las fracciones legislativas compuestas en la Asamblea. Solo que en este punto, la suerte ya está echada.
Parece que Arena considera que la clase media le está dando la espalda y con ello a un proyecto de nación. Esto no justifica lanzar promesas cuyo éxito no depende de uno. Es también relativamente fácil ofrecer metro-buses nuevos para la ciudad capital. Pero esto también tendrá que pasar por la aprobación del Vice ministerio de Transporte o del aparato estatal que resulte en manos del próximo gobierno, de la negociación con los transportistas y sus acusaciones de competencia desleal o de la problemática de la concesión de créditos para comprarlos en tiempos que la banca misma, sujeta al plan para la clase media, está restringiendo internacionalmente. No cabrá otra salida que usar la banca estatal, pero aquí ya no estamos hablando de neo-liberalismo, sino de una banca pública que competirá con el sector privado.
Los principales activos públicos y privados del país están ya vendidos. Al estado le quedan pocos “pools” económicos y uno de ellos es el Fondo Público de Pensiones. Ahora más que nunca debe surgir la creatividad de los candidatos. Un líder que pueda tomar decisiones con información incompleta y en situaciones difíciles.
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