La Capital del Sabor

Escrito por Juan Carlos Aparicio

La muchedumbre caminando en uno u otro sentido, grandes y pequeños, altos y bajos, ricos y pobres, unos alegres y otros curiosos rodeando las varias tarimas instaladas sobre la gran avenida. Pruebas de sonido desde lo alto mientras los entarimados se disponen a contemplar al húmedo público de la ciudad de San Miguel.

Solo que esta vez no se trata del Carnaval.

O quizás si. En esta ciudad nunca se sabe. Los protagonistas no son reinas de belleza pero igual compiten. No montan carrozas, pero pasean sus camionetas por la avenida. La gente no baila, pero igualmente suda en lo que marcha bajo el sol buscando su urna. No usan antifaz, pero si ropajes de colores, verde o rojo. Las tarimas sin orquestas, pero con presentadores e invitados de televisión o el Dj de una radio local, que decía transmitir desde “La Capital del Sabor”.

El día de las elecciones en esta tierra engañan a fiesta. Porque los votantes no quieren reinas que monten sus carrozas, ni bailes. No, este día no vienen por placer, sino a cumplir con su deber o por necesidad quizás. Visten de colores, pero éstos no los escogen ellos o cuando menos aún no lo saben.

Trato de descubrir caras conocidas pero la mayoría son anónimas como la hoja que acaban de tachar y solo identifico una que causa mi atención. Era una anciana descalza, vestida con una camiseta verde intenso que sin duda ese día estrenaba, permitiendo verle por debajo una falda raída y desteñida, que por el contraste me hizo pensar “es propaganda, pura propaganda”.

Recorro toda la avenida, más por curiosidad que por afán electorero y observo que el gentío no es solo político, en sendas aceras que recorren paralelas la avenida se encontraban las ventas ambulantes, charamuscas, sombreros, salchichas, panes, aprovechando estas escasas oportunidades de venta y pensaba “ojalá hubieran elecciones todos los días”.

Me retiro de la avenida, acalorado y chapudo. No, no es como el Carnaval. El bullicio se acalla inmediatamente después de recorrida media cuadra y en otra parte de la ciudad, pareciera que nada está pasando. Nada salvo una figura conocida. La anciana de camiseta verde intenso que, alejada y marginal, está hurgando entre la basura y finalmente pienso que no fue todo propaganda. Esta vez al menos, alguien se acordó de vestir a la señora.

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